
Democracy in Latin America
Looking Back Thinking AheadFall 2002
Centroamérica
Mas allá de la democracia electoralEdelberto Torres-Rivas

Cuando Pedro
Pirir, fue despedido del taller mecánico donde trabajaba desde
hacía muchos años, experimentó una sensación
de injusticia y pena que luego se transformó en una voluntad de
queja ante las autoridades. Algo había oído entre compañeros
sobre la nueva época que llamaban democrática. Algo podía
hacerse, protestar, en estos nuevos tiempos en que la gente hablaba de
derechos e igualdades. Pero cuando días después salió
por el portón del Juzgado Laboral de Coatepeque, en el suroccidente
de Guatemala, pensó de manera elemental que la democracia no sirve
para nada. Siendo un buen trabajador no supo nunca por qué el patrón
lo había echado del puesto que tenía hacia mucho tiempo
y por qué en el Juzgado Laboral no quisieron atender su queja.
No tuvo abogado y la razón que le dieron fue que no pudo identificarse;
le hacía falta su cédula de identidad, que el dueño
del taller había retenido abusivamente.
Numerosas encuestas hechas en los últimos años en Centroamérica
han puesto en evidencia que la gente tiene de la democracia una idea primaria
pero precisa: la asocian con una noción de justicia e igualdad
como resultado de la nueva legalidad existente. ¿Para que sirve
la democracia? es la respuesta elemental que el nuevo ciudadano necesita
saber cuando enfrenta situaciones donde se ponen a prueba los derechos
civiles y políticos, tal como le aconteció a Pedro Pirir.
Los activistas de los derechos humanos y de las numerosas Organizaciones
No Gubernamentales (ONGs) que funcionan en Guatemala, vienen haciendo
una activa divulgación de los derechos y obligaciones que establecen
las nuevas Constituciones promulgadas en casi todos los países
de la América Central. Se habla de derechos civiles, sociales y
políticos inherentes al ciudadano en la nueva época postautoritaria,
pero sobre todo con ocasión de los procesos electorales, que ocurren
periódicamente.
ELECCIONES LIBRES Y LIMPIAS
En los países de América Central las elecciones no son un
fenómeno nuevo. Durante los 44 años de la dictadura familiar
de los Somoza, en Nicaragua, hubo mas de ocho elecciones presidenciales,
ninguna de las cuales fue libre o limpia. En El Salvador, los militares
estuvieron en el gobierno, con el control directo del poder ejecutivo,
desde 1932 hasta 1979 y durante ese largo período histórico
hubo muchos eventos electorales, pero ninguno puede calificarse como democrático
pues nunca dejaron el gobierno. Y en Guatemala durante casi un cuarto
de siglo, hasta 1985, hubo elecciones periódicas pero que siempre
ganaron los militares, porque la mayor parte de las veces fueron elecciones
fraudulentas. En Honduras ha sido menor el control militar, pero sólo
hasta 1980 se reconstituyó el bipartidismo tradicional. Sólo
en Costa Rica a partir de 1948, las elecciones fueron libres y limpias,
fecha que en ese país se considera como el inicio de la democracia
moderna.
Con esta tradición de elecciones fraudulentas y amañadas,
bajo control militar, es natural que cuando ellas dejan de ser así
y se convierten en procesos competitivos, abiertos, plurales, se considera
que algo fundamental ha cambiado en la vida política, que la democracia
ha llegado. Los centroamericanos saben por experiencia directa que se
ha abierto así un nuevo período en la historia nacional
de cada país.
Una nueva época histórica que empezó en la década
de los ochenta y se ha mantenido hasta el presente. Y realmente distinta
porque en la década de los noventa se pone fin a los conflictos
armados, a la guerra civil que hubo en Nicaragua, El Salvador y Guatemala.
En el ambiente de paz que así se crea y con proyectos de reconstrucción
nacional que acompañaron a los Acuerdos de Paz, se da un impulso
importante a los desarrollos democráticos.
La democracia es electoral y así se le califica, puesto que el
acto de elegir presidente y autoridades parlamentarias o municipales constituye
la principal sino la única actividad ciudadana. Y quien vota lo
hace en un ambiente de relativa libertad, sin los temores o el terror
del pasado autoritario, pudiendo escoger entre diversas ofertas partidarias,
por cierto, todas muy parecidas. Pero lo mas importante es que la gente
tiene la certeza general, a veces imprecisa pero cierta, de que quienes
cuentan los votos lo hacen con honradez y prontitud. El voto es libre
y el sufragio es honesto.
LOS PROBLEMAS DE LA DEMOCRACIA ELECTORAL
Sin embargo, los problemas de la democracia electoral son varios y algunos,
difíciles. La experiencia de Pedro Pirir, que sintió rabia
y desaliento al perder el trabajo y no obtener protección jurídica
en el nuevo clima de la democracia, es porque al igual de decenas de miles
de hombres y mujeres que viven en condiciones de pobreza, también
se preguntan como él ¿qué es la democracia y para
que sirve?
La democracia que se empieza a vivir en esta etapa de transición
en América Central, cumple con un conjunto de formalidades y de
procedimientos mínimos, indispensables. Por ejemplo, incorpora
a la vieja experiencia electoral la novedad de que hay competencia entre
partidos y que no se sabe, ex ante, quien va a ganar. Por ello gana crédito
la noción de que la democracia es un sistema para escoger libremente
a quienes van a gobernar, en que también se puede perder.
Sin embargo, hasta el día de hoy y después de dieciocho
actos electorales generales, sólo han ganado candidatos y partidos
conservadores, fuerzas políticas que representan a los grandes
empresarios, a los sectores económicos dominantes. Así ocurre
con las tres victorias sucesivas de ARENA, en El Salvador o con las igualmente
tres derrotas sucesivas del Frente Sandinista en Nicaragua. Y, por supuesto,
con los éxitos electorales de los diversos partidos de derecha,
en Guatemala. El pluralismo ideológico es de corto alcance pero
existe, aun cuando las fuerzas conservadoras aún no experimentan
una derrota a manos de las izquierdas. Por ello se dice que la prueba
de fuego de la democracia aún está pendiente.
No hay que olvidar que la instauración de la democracia ocurre
en sociedades como las centroamericanas donde la mayoría de la
población padece de una grave situación de pobreza, vive
en el medio rural y un porcentaje aun importante es analfabeto. Es decir,
en un medio socioeconómico donde no se dan las condiciones favorables
para que surjan importantes sectores de clase media, que es la condición
que la sociología de la modernización siempre argumentó
a favor de la democracia. O en otras palabras, la democracia electoral
se está practicando, a contrapelo de la teoría, en un medio
social adverso. Donde el ciudadano apenas empieza a conocer y practicar
sus derechos y donde los Pedro Pirir son una inmensa mayoría.
¿QUÉ
SE ESPERA DE LA DEMOCRACIA?
Cuando la democracia que se practica en estos países se agota en
un conjunto de procedimientos legales y técnicos para elegir cada
cuatro o cinco años a políticos que sólo se conocen
en las pantallas de la TV, la gente se siente crecientemente desilusionada.
¿Cuál es la razón para perder la confianza en la
democracia y en la vida política? Hay varias razones que todas
las encuestas e investigaciones practicadas en estos años lo comprueban.
La primera y talvez la mas importante es que se tiene de la democracia
una visión ideal e ingenua, probablemente incompleta o talvez directamente
falsa.
De la democracia la gente espera todo de lo que carece. Después
de una larga historia de dictaduras militares, que nada hicieron por mejorar
las condiciones de vida de las mayorías, es inevitable el razonamiento
elemental de que con la democracia todo va a cambiar. Con la democracia
habrá mas trabajo, mejores salarios y servicios públicos
efectivos, justicia social. Cuando la gente vota por un candidato que
no conoce, o por un partido del que nada sabe, está apostando por
su futuro personal. Los Pedro Pirir están ejerciendo un acto de
participación política, ciertamente, pero es una participación
personal mivilizado por sus propios intereses.
Contribuye a formar esta noción individualista y extrapolítica
de la democracia no solo la percepción de que el régimen
democrático favorece mas fácilmente el desarrollo económico,
sino también la naturaleza de la oferta electoral, por lo general
llena de promesas de cambio y ofrecimientos de solución de todos
los problemas que agobian al ciudadano común. El expresidente Alemán,
en Nicaragua y el actual partido de gobierno, en Guatemala, ofrecieron
acabar con la desocupación en los primeros 120 días sabiendo
que los índices de gente sin trabajo asciende al 45%.
De hecho, estudios recientes de los mas conocidos organismos financieros
internacionales comprueban que los espacios de la pobreza en Centroamérica
no han disminuido. Pero cuando no ocurren los cambios esperados y se vota
por candidatos que ofrecen mucho y no cumplen, una y otra vez, la respuesta
es la crítica y el retraimiento de la vida pública. Se abstienen
de votar y de participar y pasan a formar un público apolítico,
una audiencia que se alimenta de la crítica a la política,
de la que entienden poco, de un rechazo a los políticos, de los
que desconfían y que siempre perciben a la distancia.
LAS TAREAS DEMOCRÁTICAS
PENDIENTES
La democracia, ciertamente, no solo es un procedimiento regular para elegir
gobernantes. También es una estructura de derechos y obligaciones
inherentes a la condición ciudadana y que pueden ser útiles
-de hecho lo son- para organizar la defensa de los intereses de los trabajadores,
para mejorar las condiciones de trabajo y vida. Y también para
que haya justicia en los Tribunales, seguridad en las calles, confianza
en las autoridades.
La democracia no solo tiene virtudes electorales. Para que se consolide
como régimen político tiene que reforzar las instituciones
que la componen. Así, es importante que se modernice el sistema
judicial como un poder independiente y eficaz. La peor herencia de la
dictadura en esta región se encuentra en un poder judicial débil,
corrupto e incompetente. La reforma del sistema de justicia está
muy atrasado estos países, pero mas en Guatemala y Nicaragua También
es importante la consolidación de los partidos políticos
y el tribunal nacional electoral; los partidos ayudan a la participación
ciudadana, y a constituir un poder legislativo también independiente
y capaz. El régimen de partidos sigue siendo muy volátil
en Guatemala y parcialmente en Nicaragua. Empieza a tener problemas en
Costa Rica.
El régimen democrático debe resolver el dilema de las fuerzas
de seguridad (ejército, policía, servicios de inteligencia)
volviéndolas cuerpos técnicos y profesionales bajo control
del poder civil. El orden interno es competencia de una policía
nacional civil y de los cuerpos de inteligencia que debe ser parte del
orden político y no militar. Las relaciones civil/militares aún
no encuentran su efectivo acomodo democrático en estas sociedades
donde los militares (con excepción de Nicaragua y Costa Rica) aún
constituyen un poderoso actor político. La seguridad es un derecho
y una oportunidad que la democracia fortalece y que aún no se garantiza.
También resulta decisiva la existencia de una prensa oral y escrita
que sea libre e independiente del Estado y de las grandes corporaciones
empresariales. Los medios de comunicación social pueden o no, dar
una extraordinaria contribución a regenerar la vida publica, a
instaurar el debate plural y tolerante, a convertirse en una fuerza de
control de las acciones del sector público. Con el advenimiento
de la democracia, los medios en Centroamérica se han empezado a
modernizar y los periodistas, a profesionalizarse cada vez mas. Es a través
de los medios que se puede ejercer una necesaria “accountability”.
La investigación periodística ha servido en estos últimos
años para realizar una denuncia permanente de los actos de corrupción
de los funcionarios públicos. Las funciones de control y monitoreo
de la gestión gubernamental no solo deben ser realizadas por los
medios de prensa. El Estado tiene instituciones especializadas para ejercer
este control. El poder legislativo debe vigilar las actuaciones del ejecutivo;
la Corte de Constitucionalidad, la Contraloría Nacional de Cuentas,
el Procurador de los Derechos Humanos son otras tantas instancias de inspección
permanente. Y por supuesto, también debe ejercerse el control horizontal,
que ejercen los Partidos y los ciudadanos que, como electores, votan en
contra del gobierno que no hace bien y honradamente las cosas.
La democracia en Centroamérica tiene aún muchas fallas institucionales
y culturales. Debe ser algo mas que un mecanismo electoral, por supuesto
y algo mas que un régimen político. La democracia es una
condición social nacional, es una forma de organizar la sociedad.
Cuando así sea, Pedro Pirir tendrá menos sensaciones de
impotencia, mas confianza en la democracia y estara satisfecho su derecho
a la justicia laboral.
Edelberto Torres-Rivas
Guatemala de la Asunción
Julio de 2002